TORPEZA
Si efectivamente Dalmacio Velez Sarfield pensó los códigos para la minoría que controlaba el poder en 1871, los sancionados ayer en el Congreso Nacional abarcan a la totalidad de la sociedad, lo cual indica un paso adelante, en términos generales. Ignoro si tiene faltantes, tanto el Civil como el Comercial porque soy periodista sin formación en Derecho, pero mi sentido común indica que la votación –a favor o contra la sanción- debió ser abarcativa.
La oposición en pleno se retiró: 121 legisladores que no legislaron cuando es obvio que el pueblo los votó para que legislen. En contra o a favor de las normas. Antes participaron, más de un año y medio y 140 consultas en todo el país, en una comisión de juristas presididos por el presidente de la Corte Suprema, en preparación de los proyectos de leyes. Y ayer se retiraron del recinto de sesiones cuestionando que no se respetó una norma reglamentaria, cuando el Senado ya había votado a favor los proyectos. Me pregunto: ¿es tan obtuso el oficialismo de poner a consideración los proyectos sin respetar los reglamentos, suponiendo que perturbaría las resoluciones? Porque al oficialismo le convenía, incluso políticamente, poner en vigencia esas normas jurídicas.
Se percibían antecedentes del comportamiento posible de los opositores. La más estridente fue el proceder de la diputada Carrió quien se presentó en la Justicia para solicitar que no se permitiera sesionar al Congreso y condenar al vacío el no tratamiento de los Códigos. Significó que pidió al Poder Judicial que hiciera de represor y violador de la Constitución Nacional contra el Poder Legislativo, una especie de pre nazismo, aunque los nazis fueron más directos y contundentes: incendiaron el edificio del Congreso.
El otro argumento opositor para perturbar el tratamiento fue que los últimos legisladores incorporados, no tenían conocimiento de los proyectos. ¿Cómo, quienes ocuparían las bancas ignoraban el asunto, carecían de información incluso de la posición de sus correligionarios a quienes suplantarían? ¿Y si tuvieron información y sus posturas eran diferenciadas, por qué no las expusieron antes de que llegara la fecha del tratamiento en el recinto? ¿Qué hicieron al respecto en nueve meses transcurridos, desde que asumieron los nuevos legisladores, incluidos los de la izquierda que también se retiraron ayer hermanados con la derecha?
Por ese comportamiento y otros de menor relevancia, la oposición emparenta su conducta a la de 1954 cuando se preparaba el golpe de Estado contra el gobierno peronista: se esforzó por generar vacío de poder, refugiándose en la iglesia militante y opositora, negándose a tratar proyectos de leyes. Incluso rechazó un proyecto de ley sobre inversiones norteamericanas en petróleo, que el gobierno de Frondizi, quien había sido el vocero de la oposición, aprobó en su gobierno cinco años después. Se recurrió al bombardeo a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, con 300 muertos en consecuencia y el golpe de Estado en setiembre de ese mismo año, ambos con apoyos de la oposición política respecto de aquel gobierno. Hoy no podría valerse de esos recursos criminales por los que les quedan las gambetas congresales para perturbar con el propósito de inducir a una crisis política que en apariencia los beneficie en las elecciones de octubre 2015.
El sentido común interroga: ¿cómo hará la oposición para que la crisis deseada se encuadre solamente en los edificios que contiene a la burocracia oficialista?. Recuerda a la ficción creativa La Guerra de dos Mundos, la gran audición radial de Orson Welles en 1939 cuya estridencia artística conmovió a la sociedad norteamericana.
Ya no tienen cobertura para ir a los cuarteles, radicales, conservadores y los mismos peronistas, como lo hicieron en el pasado. Hoy tienen que ser imaginativos para perturbar a la democracia, a la que proclaman adorar pero le ponen obstáculos.
Octubre 2014
Canono Elorza.
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